Si hiciéramos lo
que quieren que hagamos, si fuéramos quienes quieren que seamos, si fuésemos
donde quieren que vayamos, si dijéramos
lo que quieren que digamos, entonces y sólo entonces, dejaría de merecer la
pena vivir. Y es que, ¿de qué me sirve si no soy yo quien dirige mi vida? Si soy
una máquina, un robot, un cuerpo sin alma y una mente como otra cualquiera
vagando por el mundo. Si no coges el mando y cambias de canal, seguirás
viviendo la misma miseria, desperdiciando toda una vida con cada mal gesto,
palabra errónea o paso equivocado que hayas dado y darás. Abre los ojos y
verás; mira, pero a la vez observa. Verás que tienes aún un mundo por delante,
una vida que no puedes tirar a la basura, sólo por querer ser como los demás,
porque los demás quieran que seas como ellos. Ahora, justo ahora, mientras
sigues perdiendo tu tiempo leyendo estas líneas, estás a tiempo de
cambiarlo todo. Tu pasado, tu presente, tu futuro y tu incierto destino. Porque
la vida, en sí, no es más que eso, un pasado que olvidar, un presente por
vivir, y un futuro que esperar. Así que, no esperes más, cuanto más tiempo
pase, más difícil será borrar lo escrito, estás a tiempo de destruir esa
máquina que te envuelve, ese robot en el que te has convertido; ese cuerpo
volverá a tener alma y tu mente dejará de vagar por el mundo, encontrará y
encontrarás un rumbo. Sólo coge ese mando y cambia de canal. Verás que hay
muchas más cosas por descubrir, esas cosas que te perdiste, esas que
encontrarás, aquellas que te harán feliz y otras que te dolerán, pero no
destruirán. Estás a tiempo de ser tú, algo único y por ello, difícil de
conseguir. Las personas, por naturaleza, son fuertes. Y tú, por instinto, aún
más. Así que borra todas esas líneas, no te arrepientas de ellas, aunque lo
hagas, seguirán formando parte de tu vida. Sólo bórralas, no dejes huella en ti
y comienza ese nuevo camino que, seas como seas, te hará feliz.
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