Un camino, eso es
lo que tengo por delante. Vivir, lo que me he propuesto.
Y es que a veces,
lo fácil se complica. Lo complicamos. Vivir parece fácil, ¿no? Con respirar nos
basta. Entonces, ¿por qué estamos siempre quejándonos de lo dura que es la vida?
Quizá porque ésta no consiste en vivir, hay algo más, respirar nos llena los
pulmones, pero no el alma. Para vivir bien, hay que ser felices, de eso no hay
duda. Y nos pasamos la vida buscando la fórmula de la felicidad. ¿Nadie se ha
parado a pensar que esa tal fórmula no existe? O así lo veo yo. Y buscar algo
que no existe, ¿no es una pérdida de tiempo? Para. Deja de buscar donde no hay,
de mirar a todos lados, y mírate. No por fuera, sino ahí dentro. Ahí donde
nunca te habías parado a mirar. Tal vez ésa ha sido tu pérdida de tiempo.
Cierra los ojos. Escúchate. Seguramente, siempre escucharás dos versiones
distintas: la de la cabeza y la del corazón. No ignores ninguna de las dos.
Elige la que creas oportuna. La vida es cuestión de elección. Las buenas
decisiones te harán feliz, te ayudarán a recorrer tu camino. De las malas
aprenderás, rectificarás y seguirás sumando. Abre los ojos, ¿no lo ves todo más
claro?
¿Aún no sabes lo
fórmula de la felicidad? Ésta está en ti, en lo que eres y en lo que llegarás a
ser. Ese camino es fácil, no dejes que nadie te lo complique. Encontrarás
piedras en el camino, es tu decisión quitarlas o dejarlas ahí. Márcate una meta
y no pares hasta alcanzarla. No se trata de ir deprisa para llegar antes, sino
de ir despacio y asegurarte de que llegarás. Son conceptos. Asúmelos. Encuentra
tu fórmula y no la sueltes, serás feliz.
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